Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
¿No les pasa que al leer un libro, cualquiera, sienten que su corazón se salta un latido en cada línea, con cada palabra, escena, parlamento…? ¿No sienten que viven, ríen, lloran, gritan y sufren con cada personaje, con cada vivencia y sus atrocidades? 



¿No les pasa que se enamoran con cada fibra de su ser, que odian, sienten la tristeza emanar de su alma y la angustia reclamar cada uno de sus pensamientos? ¿No les parece que al leer un libro, cualquiera, nacen y mueren cuando un capitulo termina? 




¿No les pasa que anhelan tener en sus brazos ese libro, cualquiera, y acunarlo como si de una parte de tu propio cuerpo se tratase? ¿No les pasa que quieren dejar todo y trasladarse a ese mundo, cualquiera, que el autor ha escrito, imaginado y creado de una forma tan perfecta, sublime y adorable? 




¿No les pasa que no pueden parar de leer, que buscan y buscan en cualquier lugar algo que se le parezca solo por sentir el placer de alargar el momento, ese momento en donde el corazón por fin se siente lleno, ese momento en donde el vacío del alma no es tan evidente y en donde las estrellas solo brillan para ti y nadie más? ¿No les pasa que anhelan, desean con todas sus fuerzas que algo de lo que allí se retrata en ese hermoso y magistral libro, cualquiera, sea real? 


¿No les pasa que aspiran que los soñadores nacidos en pesadillas encuentren su quimérico lugar; que la oscuridad consiga esa luz pura que le muestre el camino a seguir; que el portador de la verdad al fin sea testigo de que la justicia llega, tarde, pero llega; de que el atrapado, el perdido, vuelva a su hogar y respire libertad? 




¿No les pasa que un libro puede hacerles ambicionar con esa localidad en donde las estrellas escuchan y los sueños se vuelven realidad?


View Post
Efímero fue tu amor, tu deseo de estar conmigo, siempre. Decías que no podías vivir sin mí, no concebías la vida sin que yo estuviera a tu lado: apoyándote, sacándote de dudas, ayudándote a resolver esos problemas agobiantes en esas largas madrugadas y eternos fines de semana. Iba contigo siempre a tus clases, a tus reuniones con amigos; me tenías a la mano constantemente por si te pedían algún favor de último minuto, para resolver una duda o un inconveniente dificilísimo. Te amaba, me amabas…Era en quien más confiabas. Era todo para ti. 

Pero el tiempo pasó y poco a poco empezaste a quejarte sobre ya no ser lo suficientemente buena para lo que enfrentabas, de que las cosas cambiaban y evolucionaban… Más yo no lo hacía;  según tú, estaba perennemente condenada al pasado. Tus palabras me llenaban de miseria. Me sentía usada, ultrajada… Pensé — ¡qué tonta!— que lo solucionaríamos, que al final verías que seguía teniendo mucho potencial, más que esas otras que solo sabían hacer cosas básicas. Pues no. 

Un día llegaste con otra — ¡jadeo!—; que si las nuevas funciones, que si las integrales… 

— ¡Una maravilla!— Exclamaste con apremiante júbilo refiriéndote a esa fx-570Es Plus. 

Como si fuera del otro mundo, no le llegaba ni a los talones a la Hp 50g, pero tú estabas eufórico porque la adquiriste a un bajo precio — ¡qué ultraje!—, una calculadora de segunda mano, quien sabe lo que le habían hecho antes de que llegara a tus exquisitas manos…

Protesté, grité, pero nunca viste los números en mi pantalla nuevamente. Me sentenciaste al fondo de un armario. Y ahí me dejaste. 

Hoy, aun sola y en desuso, escribo estas burdas líneas para demostrarle al mundo, a ti,  lo fugaz que fueron tus sentimientos. Y como todo se desmorona con el paso del tiempo. 

Nada, señores, nada es para siempre. 

Y antes de dar mi último aliento, puesto que ni las baterías te dignaste a reemplazar alguna vez, te digo: yo te amé con cada componente, con todos mis circuitos. 

Estoy segura de que esa por la que me cambiaste, algún día, te dejará desamparado en tus momentos de necesidad para regresar a las manos que la encendieron por primera vez. Recuerda, el primer amor nunca se olvida.

Adiós... Tuya eternamente:



fx-82 MS.



View Post
Allí estaba ella; sus manos, amasando, moldeando, sintiendo la textura. Sus ojos, cerrados para el mundo gracias a una delicada y suave bufanda rojiza. Estaba cansado de la perfección, de actuar para agradar. Pero ella, dios mío, ella era diferente —con el riesgo de sonar cliché—. Me complementaba, entendía las palabras tras todo ese velo de fanfarronería y falso orgullo. No se cohibía para decirme mis verdades, para negar alguna petición que osaba hacerle. Ninguna otra —o por lo menos no las chicas que había conocido antes que ella— habría accedido a hacer lo que ella estaba elaborando. Una anormal sensación amenazaba mi corazón, lo rodeaba y se irradiaba además por el resto de mi cuerpo. 

No comprendía, mi vida se estaba cayendo a pedazos, mi carrera estaba en un hilo, me despidieron de mi trabajo, no sabía que iba a pasar mañana. Sin embargo ella ni se inmutó, aquí seguía a mi lado. Así que decidí poner todo en un baúl en mi mente, cerrarlo y olvidarme de todo salvo sus manos, sus finas y exquisitas manos y como sus dedos recorrían cada línea, suavizando, perfeccionando… Sentía que se relajaba tanto como yo. Una atmósfera de paz nos cubría, una calidez centelleaba de su cuerpo. Observarla, tan cerca, era mi nueva tarea favorita. Y cuando me aproximé a susurrarle al oído percibí como se estremecía y se repartía la famosa piel de gallina por su cuello y por sus tersos brazos. 

Al terminar, tomó lo que había hecho y lo puso con delicadeza en un tazón. Me apuré a tapar la masa y a quitarle la venda. Su mirada perdida se detuvo en mí y lo supe. Supe que no iba a ser el mismo. Querría estar con ella cada mañana, tarde o noche. Que me acompañara en la cocina, que me ayudara a elaborar el pan cada día, que me rodeara con sus esbeltos brazos y me mirara a los ojos, siempre. Nunca algo tan mundano se había sentido tan celestial.

Photo by Kate Remmer on Unsplash

View Post